Philadelphia Independent - La mujer que susurra a los elefantes intenta salvarlos de la extinción en Borneo

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La mujer que susurra a los elefantes intenta salvarlos de la extinción en Borneo
La mujer que susurra a los elefantes intenta salvarlos de la extinción en Borneo / Foto: Mohd Rasfan - AFP

La mujer que susurra a los elefantes intenta salvarlos de la extinción en Borneo

En la selva malasia de Borneo, gritos de elefantes rompen el silencio, seguidos de un fuerte estruendo cuando una hembra recibe un dardo anestésico. Farina Othman le colocará un collar transmisor para proteger a esta especie amenazada de extinción.

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El paquidermo forma parte de los cerca de 1.000 elefantes de Borneo que aún viven en estado silvestre.

El collar de seguimiento permitirá alertar a los habitantes de las aldeas cuando el animal se acerque para evitar conflictos con las comunidades locales.

Es un elemento esencial del programa de "corredores" destinado a los elefantes que atraviesan los bosques, plantaciones de palma aceitera y aldeas de la zona.

La científica los conoce uno a uno. "Es Pigtail" ("cola de cerdo"), susurra acariciando la trompa de la elefanta dormida.

El equipo se da prisa porque los efectos del dardo comienzan a desaparecer, el resto de la manada se acerca y una tormenta acecha.

Después de tomar muestras y colocar el collar, el equipo y los periodistas de AFP se retiran justo a tiempo.

- Conflicto inevitable -

Desde la década de 1970, los elefantes de Borneo perdieron más del 60% de su hábitat en el estado de Sabah debido a la explotación forestal y al cultivo de palma aceitera, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que clasificó a la especie como en peligro de extinción en 2024.

De los 400 kilómetros cuadrados de Kinabatangan donde habitan unos 160 paquidermos, "solo la mitad de esta superficie está ahora destinada a los elefantes", explica Farina, directora de la ONG local Seratu Aatai.

Cuando los animales se aventuran en propiedades privadas o en aldeas cercanas, "el conflicto es inevitable", señala. Pone como ejemplo una reciente incursión de una veintena de elefantes en plantaciones y tres aldeas.

La hostilidad aumenta cuando estos imponentes animales, en particular los machos, sortean cercas eléctricas para alimentarse de palmas aceiteras o plantas jóvenes.

En Sakau, aldea situada a orillas del río Kinabatangan (infestado de cocodrilos), la científica y su grupo llevan a cabo un programa de concientización en las escuelas de las plantaciones, distribuyen folletos informativos y designan "guardianes comunitarios de la fauna", encargados de alejar a los elefantes que se acercan a las viviendas.

"Antes no sabíamos cómo convivir con ellos", cuenta Firah Kazenn, de 21 años, propietaria de un hospedaje en casa de particulares.

"Los elefantes no eran vigilados y muchos murieron durante los conflictos. Ahora están protegidos y la comunidad también participa activamente", agrega.

- Corredores para elefantes -

Para Farina la solución está en los "corredores", pasos que conectan los fragmentos de hábitat a través de las plantaciones. Espera convencer a siete plantaciones que los elefantes son "una realidad ecológica y no una molestia ocasional".

Es una tarea difícil debido a los ajustados márgenes económicos, señala a la AFP Muhamad Al Shafieq bin Mustafa, exdirector de una plantación en Sukau convertido en especialista de la industria de la palma aceitera.

"Las plantaciones que se comprometen y aceptan colaborar a menudo no reciben reconocimiento ni el apoyo financiero que necesitan, especialmente por parte de los compradores occidentales de aceite de palma", señala.

Las asociaciones de conservación financiadas por la industria afirman que las plantaciones lograron avances considerables para convertirse en productores de aceite de palma sostenible, pero enfrentan una realidad económica difícil.

"Tiene que ser una situación en la que todos ganen, tanto productores como la fauna silvestre", agrega Daniel Pamin, responsable de conservación y desarrollo sostenible de la Malaysian Palm Oil Green Conservation Foundation.

Farina, cuyo trabajo le valió el apodo de "la mujer que susurra al oído de los elefantes de Borneo", así como el prestigioso premio británico Whitley -destinado a defensores de la naturaleza-, afirma creer que el cambio llegará.

Antes los habitantes utilizaban la palabra malaya "halau", que significa "ahuyentar", explica. "Ahora nos esforzamos por lograr que la gente diga... 'acompañar al elefante hasta la salida'".

M.Hernandez--PI